lunes, 21 de marzo de 2011

DEL SUPLE MUJERES AL DIA (DIA A DIA) EL INFIEL

Hacía poco te habías copado con los mensajes políticamente incorrectos de los “pegame y llamame Luisa” de “Amo y señor”, donde Arnaldo le daba a diestra y siniestra a la Kuliok como para que tenga y guarde. Romay, el zar de la teve de los 80s, para que sigas enganchada, ni lerdo ni perezoso largó enseguida otra historia como para tenerte pegadita a la pantalla. Era el año 1985… sacá la cuenta de los años que tenías. Arnaldo André volvió a protagonizar en “El infiel”. Acá se llamaba Mariano Romero, un piloto tan experto en despegar aviones de la pista, como en aterrizar mujeres en su cama. Libre como los pájaros, un día se topa con la rebelde y resistente Mariquita Valenzuela, que era una periodista feminista que le hace la resistencia a morir. “El amor es así, lo se, es como tocar el cielo, algo mágico en el aire, siiiiií”, decía la banda sonora cuando arrancaba la tarde. Si hacés memoria, seguro te acordás de los personajes secundarios, que en esta tira sumaron tanto o más que los protagonistas: el queridísimo Mourice Jouvet, quien hacía de padre de la Valenzuela. Otro personaje ganador era el por entonces novato Guillermo Francella, la dupla cómica del galán, que lo cubría en todas sus fechorías. La novela no baja los 20 puntos de rating, pero para el Zar era poco: estaba goloso después de los picos de “Amo y señor” en mas de 40 puntos. Tira toda la carne al asador, don Romay, y mete en la historia a la propia Luisa Kuliok en el rol de Ana. La fórmula había resultado explosiva en la novela anterior, pero acá capaz fue un poco tarde. Con la Valenzuela retirada de la historia, Mariano, el piloto ojitos y manos alegres, se enamora de la doctora Ana (la Kuliok). Al final, ante tu duda sobre con cual de las dos se iba a quedar, él les deja una carta a ambas mujeres. Lo que les dice es un manifiesto del pirata porteño: daba a entender que seguiría siendo ese infiel por naturaleza que era, y que no podría comprometerse con ninguna de las dos. Toda la historia acompañada con el hitazo de la banda que dejaba en claro la convicción libertina del protagonista, que miraba a cámara con su raya al medio y su mentón de latino ganador: "Pero mi libertad... no, no la perderé, quiero seguir siendo siempre infieeeeeeeel"…

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