martes, 23 de septiembre de 2008

La misma historia, pero contada por Layo



Ahí vamos! Ella hace reposo lo más que puede, pero Joaquín es un vándalo. Anoche se movió toda la noche y yo pensé que en algún momento el pupo de ella iba a reventar onda dibujito de kill bill uno.

No digo nada nuevo si afirmo que nosotros los varones lo vivimos desde afuera. -La Naturaleza es sabia para estas cuestiones. No es que quiera ahorrarnos el esfuerzo, sino que para estas cosas resultamos ineficientes -en términos económicos- y blandengues, -en términos de biología neta-. Por eso, en una división de trabajo originaria, nos tocó la labor de provisión de vituallas, o sea, un trabajo necesario pero que es meramente secundario a la obra magna de dar a luz. Pasados unos cuantos milenios desde ahí, evolución de la especie de por medio, tras la invención del ethos moral, del religioso y de la racionalidad, uno se las sigue rebuscando para robar cámara. Mi experiencia es así. No la discuto con nadie, más allá de que algún aficionado malicioso sicopatee sobre celos y narcisos. -yo sé lo que es somatizar náuseas, engordes y calambres ajenos! Después, qué querés que te diga, las brujas son las que le ponen el cuero al parto. -Por eso tal vez uno sea sólo Padre y la Ley su función. Y una sociedad insanciable alrededor lo designe como el refugio, o la Piedra con que edificar el Templo -puro estilo cristiano, che, machista y pontifical-. Nunca entendí bien a los santos y las santas que no fueron padres o madres, ni cómo es que entre la Madre y el Hijo se instala una intimidad tan insondable. Ahora bien, la paternidad y la maternidad tienen un punto en común: que son trajes elegidos, se calzan de una vez y se llevan puestos toda la vida. Más allá de místicismos y de pretensiones resultadistas, aún compartimos esa vivencia extraordinaria con el primer ser humano -un animal que tuvo conciencia de sí, por ponerlo de algún modo. Dicen -en algún lado leí- que la ternura es el reflejo del amor vivido en esos momentos primeros de la existencia de cada uno. Por eso, probablemente, la palabra amor también designa la lumbre, el hogar y el calor.