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jueves, 14 de mayo de 2009

Fundamentación mítica de la noche

Probablemente este ejercicio de conexión virtual sea -entre muchas otras cosas y como tantas-, vano. De todos modos me rindo a la escritura. No hago más que caer bajo el influjo mágico de la letra. Misteriosamente pleno de tensión y de silencio. Fuera de toda frontera. Lavo culpas. O me despojo del vacío. A media marcha entre la melancolía y la paciencia. Se me vinieron a la memoria unos fotogramas perdidos de una película, las sensaciones de una noche. Una noche mítica podría ser, -con el encanto ese por lo trascendente, por el sentido o el significado sólo sugerido, que se va develando después. Al paso de un tiempo digamos existencial. -todavía no hemos logrado descubrir si el tiempo fluye regularmente, creo que dijo alguna vez un personaje de Oesterheld.


A la fundación mítica de la noche
no la viví en lo profundo de una caverna.
Más bien, en la superficie.
La congoja que siento
me lleva a justificar
que no fui más allá
del oleaje, de esa playa.
Arropaba en sombras la noche.
Plateada en la espuma por la luna llena.
Tibia, al compás de una brisa liviana y ágil.
Fuimos a ver salir la luna del mar.
Caminamos al lado por el escote de la ensenada.
Brillantes los ojos, alegres las manos y las risas.
Como una danza de pies mojados
y gotas, finas gotas, de arena y agua salada.
No te quedaste. No sé si fue así.
Pudo haber sido.
Lo miro desde aquí,
parado un momento en el punto de fuga
entre tu sueño y el mío.

miércoles, 29 de abril de 2009

Idea.







La noche


Es un oro imposible de comprender, un acabado
silencio que renace y se incorpora.
Las manos de la noche buscan el aire, el aire
se olvida sobre el mar,
el mar cerrado,
el mar,
solo en la noche, envuelto
en su gran soledad,
el hondo mar agonizando en vano...
El mar oliendo a algas moribundas y al sol,
la arena a musgo, a cielo, el cielo
a estrellas. La alta noche sin voces
deviniendo en sí misma, inagotada y plena,
es la mujer total con los ojos serenos
y el hombre silencioso olvidado en la playa,
el alto, el poderoso, el triste,
el que contempla,
conoce su poder que crea, ordena el mundo,
se vuelve a su conciencia que da fe de las cosas,
y el haz de los sentidos le limita la noche.

Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.
Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.
Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

Estás solo, lo mismo.
Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente,
yo no soy en tu noche más que un lago, una copa,
más que un profundo lago,
en que puedes beber aun cerrados los ojos,
olvidado.
soy para ti como otra oscuridad, otra noche,
anticipo de la muerte,
lo que llega en el día frío el hombre espera, aguarda,
y llega y él se entrega a la noche, a una boca,
y el olvido total lo ciega y lo anonada.
Sin límites la noche,
pura, despierta, sola,
solícita al amor, ángel de todo gesto...
Estás solo, lo mismo.
Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma,
concédete a la hora.




Idea Valariño